Tras mucho vagar por el mundo sin poder caminar, finalmente Uudrum alcanza su destino, las cercanías de la fortaleza del nigromante Sady Omú. Sus penurias pueden estar cercanas a terminar, pero los peligros del pantano de Hapawa se interponen entre él y un final... féliz.
Un dragón puede soportar la reducción de la inmovilidad algún tiempo, especialmente si se trata de un anciano y sabio dragón, pero Uudrum es un joven vigoroso y... algo impaciente. Ya basta, ya está más que harto de toda esta situación y desde luego no va a desaprovechar ninguna oportunidad para librarse de la maldición.
¡Qué tengan cuidado aquellos que se interpongan en su camino!
Bueno...
...del camino de su portador.
¡¡Maldito El Nigróh!!